VETERANOS DE GUERRA DEPORTADOS A MÉXICO, CONMEMORAN EL ‘MEMORIAL DAY’

Con solo dos opciones para poder regresar a Estados Unidos –que el presidente Donald Trump les otorgue el perdón en vida o retornar ya muertos, en su ataúd– un grupo de veteranos deportados rindieron ayer homenaje a sus compañeros caídos desde el lado mexicano del Puente Internacional Córdoba-Américas, en el Chamizal.

A unos cuantos pies del país por el que lucharon en guerras –como las Vietnam, Irak y el Golfo Pérsico–, los integrantes de la Casa de Apoyo a Veteranos Deportados Juárez, que abrió sus puertas en abril de 2017, conmemoraron el Día de los Caídos: Memorial Day.

Frente a la bandera de Estados Unidos y de las diferentes divisiones del Pentágono, el grupo recordó no sólo a quienes han muerto en batallas, sino también a quienes han perdido la vida fuera del país que los deportó, dijo Iván Ocón, director de la organización.

El Bunker Juárez, como le llaman ellos, cuenta con 25 ex militares, que después de haber peleado por Estados Unidos, fueron deportados a México. Pero, aseguran, en la ciudad radican al menos 11 más en las mismas circunstancias.

“Son como hermanos de batalla, aunque no los haya conocido son mis hermanos, y Memorial Day es un día especial para darle honores a los caídos”, dijo el hombre de 42 años, quien nació en Ciudad Juárez, pero llegó con su mamá, María Avila, desde los siete años a Estados Unidos, en buscaba del llamado “sueño americano”.

A los 19, y con la residencia permanente en Estados Unidos, Ocón decidió ingresar al Ejército de EU para defender el país en el que vivía. tras cuidar en 2003 la frontera de Irak en Jordania, durante la Operación Libertad Iraquí, fue deportado en 2016.

“Seguimos peleando, algunos están logrando beneficios gracias a congresistas, senadores y otros veteranos en Estados Unidos… yo sigo en la misma esperando, el único modo de regresar ahorita pues es muerto”, dijo quien tiene 13 años quien no ve a su hija, quien vive en Nuevo México, con quien solo tiene contacto por Facebook.

Ocón destacó las distintas enfermedades y daños psicológicos que sufren los veteranos de Estados Unidos, lo cual se agrava más cuando son deportados.

Arturo Quiñonez Solís, de 47 años, quien nació en Ciudad Juárez pero llegó a El Paso a los 12 años con sus papás y sus tres hermanos, y decidió entrar a la Marina (Navy) porque en su familia varios de sus tíos fueron a la Segunda Guerra Mundial, a Vietnam y quiso continuar con la tradición, por lo que fue nueve meses al Golfo Pérsico. 

Tras nueve años en el servicio se retiró y luego fue deportado por drogas.

Ahora sabe que solo puede regresar si Trump le otorga un perdón, muriendo o si su papá logra heredarle la ciudadanía para que pueda reunirse con sus hijos, uno de los cuales pertenece actualmente a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. 

En el Chamizal recordó a compañeros como Leopoldo Jaques, quien murió hace un año y medio en esta frontera tras una operación de las rodillas y quien formaba parte del Bunker Juárez. 

José Francisco López Moreno, de 74 años, “Panchito”, como lo conocen sus compañeros también lamento que al ser deportados pierdan todos los apoyos como el Seguro Social por sus años de trabajo en Estados Unidos, además de las facilidades para adquirir una casa y el seguro médico. 

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